15 octubre 2016

OCTUBRE, CUANDO LA NATURALEZA SE VISTE DE ORO





Aunque la climatología del momento parezca engañarnos, hemos entrado de lleno en el otoño. La sabia naturaleza lo percibe y prepara el abrigo ocre y oro para su querida tierra. Los árboles regalan sus débiles hojas pausadamente, con la caricia del viento se desprenden de todo lo que alimentaron durante un tiempo y les hizo reverdecer, para ir desnudándose y ser ellos mismos, sin temor a lo nuevo, listos para afrontar el largo invierno.

Al mismo compás, las calles se han silenciado, el bullicio veraniego queda algo lejos y apenas algunas chimeneas delatan vida. Vida sosegada, replegada, quizá resignada a la rutina de un devenir no deseado, pero intuido, presuntamente conocido, tan escaso en novedades como en ambiciones, ilusiones y grandes deseos.

La naturaleza duerme para despertar nuevamente en primavera, en cambio, el ser humano puede ser algo más que una hoja caída del árbol,  arrastrada por las aguas del río de la rutina conformista y resignada.

A pesar del frío de la mañana, es tiempo de abrir algo más las ventanas de la casa personal, esa de paredes gruesas y pilares inamovibles, para no dejar que la perezosa oscuridad se adueñe del interior, dando una oportunidad a la luz de la emoción, de la ilusión, de la búsqueda de nuevo conocimiento social y para que el viento forastero, ese tan desconocido como temido, ese que puede llegar a hacer tambalear nuestros propios pilares, nos pueda aportar aquella riqueza que no se compra ni se vende.

1 comentario:

Ramon Verdial dijo...

Salinas de Pisuerga para mi, es la ciudad residencial a las puertas del paraíso. Paso casi obligado para mis rutas en bicicleta.
Lugar para mis ratos de pesca. A medio camino entre mi pueblo y mi pueblo adoptivo.
Seguid así.

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