05 julio 2012

UNA BELLA POESÍA


Las flores del Pisuerga
(JESÚS DEL POZO)
I.
Broten del alma líricas caricias
para exaltar la paz más cristalina,
manso susurro de agua danzarina,
Pisuerga que me brindas tus delicias.

Besas el cielo allí donde te inicias,
honor de la Montaña Palentina,
es terso el resplandor que me ilumina,
me satura y me impregna en tus albricias.

Bellas ninfas fecundan el paisaje
al éxodo pausado de tu andanza
allí donde se extingue el alfabeto.

Porque ante ti se rinde mi lenguaje
en himnos de pasión y de alabanza
dichoso de escribirte este soneto.

II.
Aviva en ti el estío más reseco
al deslizar cual dádiva divina
el chorro que abastece la colina
donde abrevan el oso y el rebeco.

Y sacias cada faz del recoveco
rumbo a la gloria como el alma albina
entre vaivén de libre serpentina
que en dulce sinfonía se hace eco.

Fuente del Cobre, del Pisuerga cuna
que hallaste tu semilla en Brañosera
como fermento de caudal gigante.

En Peñalabra se erige tu tribuna,
sufragio de evasión aventurera,
cual Don Quijote, caballero andante.

III.
Quédate un rato más eterno nido
e invade la retina de mi ojo
del húmedo silencio de despojo
que amenaza partir hacia el olvido.

Corriente del Pisuerga que has movido
la piedra del molino que a su antojo
tornó en harina el trigo del rastrojo
para amasar el pan sin hacer ruido.

¿Cómo olvidar el viejo lavadero
de abnegadas madres y yertas manos
refrotando la ropa en tu rivera?

Hoy tus venas rezuman mi tintero
entre savia de bosques soberanos
que anegan La Pernía hasta Cervera.

 IV.
Atrás queda el murmullo de la roca,
tu despeñar de gélida cadencia
rumbo al embalse a aposentar la herencia
que fluye cada día por mi boca.

¡Mágica fuente que la sed provoca,
vereda derretida en transparencia,
flotante terciopelo de inocencia
que torna en oro todo lo que toca!

Dichosos son los días y la estancia
que otorgan a Aguilar el privilegio
de hospedar tu corriente generosa

 en ese azul acuario de abundancia
- bruñido marco incomparable y regio -
donde el relato es flor en verso y prosa.

V.
Irradia del aguilarense cielo
la estrella del secreto de tu gloria
diseñando la línea divisoria
que desposa tu curso a nuestro suelo.

Pisuerga, que como águila en su vuelo,
describes en tu vasta trayectoria
el canto que sustenta la memoria
en notas de rabel y violonchelo.

Y te vistes de fiesta entre pinares
fluyendo ese fervor tan soberano
que entona el Salve Madre a su Señora

allí donde se erigen sus altares
- exótico vergel de nuestro Llano -
que todo lugareño ausente añora.

 VI.
Si por primera vez, Pisuerga mío,
un muro entre tú y yo se interpusiera,
sabrás que nuestra estancia es pasajera
aunque por siempre yo admirarte ansío.

Mas, tú reemplazarás ese vacío
transitando mi eterna Cascajera,
inhalando fragancia galletera,
bañando mi memoria en el estío.

Y serás acuarela cotidiana
entre cañas, anzuelos y sedales,
arteria que contempla siglos de arte.

Porque tu poso estampará un mañana
en el otrora que hunde sus puñales
haciendo de tu paso juez y parte.

 VII.
Un beso azul reposa en mi mejilla,
tu flor en plenitud se torna espejo
dejando el paladar de un vino viejo
cuando te alejas de la Noble Villa.

Y amamantas al Canal de Castilla,
honor de Alar del Rey, cuna y reflejo,
alma que corona huerta y cangrejo
haciendo a Herrera presa de tu orilla.

Un aroma de espiga y de ternura
se funde ante ese altar donde el pan crece
grabado en lluvia de oro rumbo al Duero

para exprimir tu sangre en la llanura
cual prodigio de amor que no fenece
y que me incita a declamar “TE QUIERO”.

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